Inventario psicopedagógico

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos.

 

Revisando el material teórico para empezar un nuevo año de facultad, me vuelvo a encontrar con la pregunta de qué es importante transmitir? Nuestr@s alumn@s en poco tiempo serán colegas, y no puedo evitar pensar mi tarea docente desde los dilemas de la formación profesional. Hace un tiempo escribí esto –>  sobre cómo transmitir lo que la clínica nos plantea.

¿Qué necesitamos saber para hacer psicopedagogía con buena espalda, con criterio y desde una posición ética?

¿Cuáles son los requisitos que necesitamos completar para saber recibir a una nueva familia y estar en condiciones de dar respuesta?

Nuestro trabajo es una práctica, basada en corpus y tradiciones de varias ciencias humanísticas, y como profesión fuimos reformulando y adaptando estos saberes a nuestro quehacer.

Por lo cual de algún modo necesitamos saber de muchos temas, acercarnos a vocabularios y modos de pensar próximos a nosotros, para luego procesarlos e incorporarlos criteriosamente a nuestro inventario psicopedagógico.

A grandes rasgos podría decir que necesitamos saber sobre cómo nos constituimos en sujetos, cómo nos humanizamos, a partir de ser cachorros de nuestra especie. La psicología, la etología, el psicoanálisis, las neurociencias, la psicología cognitiva, la antropología y la sociología tienen mucho para decir. Agrego la literatura y la historia! Porque cada línea desde su posición, en formas adversas y complementarias, son necesarias para que podamos construir herramientas de observación y análisis.

Necesitamos comprender cómo se produce, desarrolla y amplía el lenguaje, función única, clave y mágica del ser humano que habilita el pensamiento, el desarrollo de la inteligencia pero por sobre todas las cosas, la comunicación.

Necesitamos saber de familias, de nuevas familias, de infancias, de crianza, de vínculos, de deseos y de filicidios, de negligencias, de temores, de angustias. De frustraciones, de expectativas, de sueños no cumplidos, de emociones contradictorias y ambivalentes. De excesos y de carencias.

Necesitamos saber de educación, de didácticas y contenidos. De números y letras. De cómo se dibujan las cursivas y cuándo una palabra lleva tilde. De cuentas mentales y de fracciones. De capitales de provincias y animales y cómo recordar sus nombres.

De escuelas, de maestros sobrecargados, de aulas atiborradas de estímulos, de compañeritos que hacen el vacío, de amigos que son grandes terapeutas, de almuerzos en taper, y de recreos en soledad. De sentarse bajo el único arbolito que tiene un patio y que nadie te invite a jugar. De pruebas sorpresa y de maestras/acompañantes que son ángeles de la guarda. De directoras que abren la puerta para salir al recreo y que imaginan visitas didácticas para todos aquell@s chic@s que solamente tienen pantallas para nutrirse en sus casas.

Necesitamos saber de rutinas, de higiene, de alimentación saludable y de buen sueño, de ordenar los útiles y juguetes en el cuarto de un modo accesible a su dueño. De tener, de no tener, de haber tenido.

Necesitamos saber y querer jugar, producir voces para personajes, irrumpir en una escena cuando haga falta, acompañar la propuesta que nos hagan y activar agresividad si el juego lo pide, pero también bajar la intensidad para ayudar a que se den los finales.

Necesitamos buenas habilidades para escribir, informes, notas, comunicaciones, historias clínicas. Saber poner afuera en forma objetiva, todos los procesos que las sesiones activan en nosotros. Decir con claridad, sin sobrecargar, sin abundar en detalles, sin marcar los puntos débiles, resaltando todo lo positivo que nuestro paciente tiene para dar.

También necesitamos habilidades comunicacionales orales. En cada entrevista se juega nuestra capacidad de intervenir desde la palabra, entendiendo que ahí vamos a sembrar algo, incidir en algún aspecto, aportar y si lo hacemos bien, que eso propuesto tome forma real.

Se hizo larga esta lista que en absoluto agota lo básico. Incluyendo y lo habrán advertido, que omití lo central que es saber y mucho sobre el aprendizaje en sí y las dificultades que pueden atravesarlo.

Pero quiero agregar una más. Necesitamos saber regularnos: estar content@s para trabajar, sentirnos satisfechas con lo hecho, saber que es reconocido, que es necesario, que se nos retribuye de la manera que corresponde, porque todo

  • lo estudiado,
  • lo capitalizado en la experiencia,
  • porque las prácticas ad honorem,
  • las pasantías,
  • las lecturas,
  • los libros,
  • los ateneos,
  • los exámenes,
  • las supervisiones,
  • las angustias y los desvelos,

….  en fin  … el recorrido … todo eso ha valido la pena.

Que tengamos un gran año.

María Inés Acuña

Psicopedagoga

Por | 2020-04-10T18:29:28-03:00 marzo 5th, 2020|[ Novedad ], [Ser Terapeuta]|6 Comentarios

  1. Lucía marzo 5, 2020 at 7:22 pm - Reply

    Me encantó! Lo comparto

  2. Sandra marzo 5, 2020 at 7:44 pm - Reply

    Que grandes aportes, soy estudiante de psicopedagogía y voy comenzando mis prácticas y si me ha costado en ocasiones escribir un informe .

  3. Silvia marzo 5, 2020 at 8:28 pm - Reply

    Buena síntesis!
    Que tengas.un muy buen año!!

  4. Susana marzo 5, 2020 at 9:04 pm - Reply

    Gracias!!!
    Sumamente compartido !
    Un recorrido tan claro de nuestro ser y hacer psicopedagogico!
    Un saludo y tb Mb 2020!!!

  5. Adriana Adamo marzo 8, 2020 at 9:09 am - Reply

    Genial como siempre!!! Buen año!!
    Cariños

  6. Karina marzo 11, 2020 at 7:51 pm - Reply

    Buenísimo y totalmente compartido!! Gracias y que tengamos un gran año!!! Te sigo leyendo! Besos!!

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