Aprender a escuchar con los ojos: testimonios en torno a la comunidad Sorda

Una pregunta de dos alumnas -a quienes agradezco toda la ayuda y orientación que me brindaron- me llevó a acercarme al mundo de la comunidad sorda. En esta primera conversación compartimos experiencias, tensiones y aprendizajes que abren preguntas para la psicopedagogía y que, espero, permitan revisar supuestos y motivar a la especialización de psicopedagogas/os en este camino. 

Dos trayectorias, un mismo vínculo con la comunidad sorda

Ma. Luisa, Lu, es CODA esto significa que es hija oyente de padres sordos. Ella creció en un ambiente bilingüe y bicultural (comunidad oyente y comunidad sorda). De adulta formalizó su lengua materna estudiando para ser Intérprete de Lengua de Señas Argentina Español.

Florencia es oyente, AIE, acompañante terapéutica y logogenista diplomada. Se formó como intérprete de lengua de señas Argentina-español (ILSA.E) y comenzó a dedicarse a brindar servicio a personas sordas, uniendo vocación y preocupación por las problemáticas que pueden aparecer en esta población en torno a los procesos de adquisición del español escrito como segunda lengua, la comprensión lectora y los efectos de la privación lingüística. Cuenta que, siendo muy chica, en una reunión familiar había una pareja de personas sordas y ella se acercó espontáneamente a conocerlos. Desde entonces nunca dejó de estar involucrada con esta comunidad. Su familia —sus hijos— también participan de esa conexión y han estudiado lengua de señas: el mayor es intérprete de lengua de señas y el menor continúa formándose.

Ambas fueron alumnas de una materia mía en la carrera de Psicopedagogía. Durante la cursada se acercaban con insistencia a hacer preguntas muy específicas: 

¿Con qué técnicas se puede evaluar a niños sordos? ¿Es válido comparar mediante los mismos parámetros?

Tanto preguntaban, y con un interés tan genuino, que su inquietud terminó convirtiéndose también en una pregunta mía. No tengo experiencia en este campo ni había sido un tema que antes me convocara especialmente, pero quise saber. Me propuse entonces informarme y comprender cómo se evalúa y cómo se trabaja desde la psicopedagogía con personas sordas.

Intentaré, a partir de este artículo y de otros que seguirán en próximas publicaciones, acercarme —y acercarnos— a esta realidad desde la dimensión psicopedagógica. Procuraré ser lo más fiel y respetuosa a los testimonios, porque no tengo experiencia directa en el tema y siento que entro como una visitante, observando y escuchando.

Agradezco especialmente esta pregunta nacida en Flor y Lu, que luego se ampliará en otras voces, esperando que estos artículos nos acerquen información y conceptos que aporten a nuestra profesión y al mundo de las personas sordas y sus aprendizajes. Y que quienes tengan interés encuentren aquí algunas pistas para seguir investigando y leyendo.

 

El encuentro con Flor y Lu

Iniciamos nuestra charla con un intercambio en el que me fueron develando cuestiones iniciales. Ambas me cuentan su vínculo con el mundo sordo y la diferencia entre ser oyente hija de padres sordos y ser oyente que se acerca desde otro lugar.

Me surge entonces una primer pregunta:

P.A.: ¿Las personas sordas reciben de manera distinta a alguien según su origen o su vínculo con la comunidad?

Flor: Lu es CODA. Cuando habla de sí misma, incluso hace la seña personal que la identifica. Yo misma, cuando cuento que estoy trabajando con ella, suelo decir: “Lu es CODA”(hace la seña de CODA).

P.A.: entonces, ¿vos podrías presentarla con esa seña, diciendo que es CODA?

Flor: Si la estoy interpretando, y ella se presenta mencionando su seña personal, y que es hija de padres sordos, si, utilizo la seña específica para CODA.

Lu —Hay una enorme diversidad de familias. Por ejemplo, hay familias donde todos son sordos, incluso varias generaciones. También hay personas sordas que nacieron en familias oyentes y luego tienen hijos oyentes. Son contextos muy distintos, situaciones muy diferentes y, en consecuencia, distintas formas de adaptación a la vida. En mi caso —continúa— cuando voy a una asociación muchas personas me reconocen porque soy muy parecida a mi mamá y porque desde que nací estuve en la comunidad. Entonces ya entro desde otro lugar, me reconocen como la hija de ella.  Con las personas oyentes a veces aparece cierta ambivalencia. Por un lado, se acercan porque les interesa formar parte de la comunidad y colaborar con la inclusión. Pero también está la idea de que algunos se acercan a aprender LSA pensando en una salida laboral. Las personas sordas tienen la mirada muy atenta: cualquier gesto o movimiento es una señal de diálogo. Cómo uno se presenta puede generar una reacción u otra. Durante mucho tiempo —dice— se miraba a las personas oyentes con cierta distancia, hasta que empezaron a ver que había un interés genuino por incluir y por integrarse. Entonces la comunidad fue cambiando, pero al principio suele costar más.

Flor: —En muchos textos se habla de la comunidad oyente —por ejemplo intérpretes o docentes— como “comunidad de solidaridad” con la comunidad sorda.

Lu continúa: La Escuela de Lengua de Señas Argentina «José A. Terry» se encuentra dentro de ASAM (Asociación de Sordomudos de ayuda mutua) que es la primera asociación de sordos de Argentina (aquí su Instagram) y, además es la primera en formar intérpretes de lengua de señas. Se fundó en 1997 y desde entonces ha mantenido, de manera ininterrumpida, esa formación, que por supuesto fue mutando a lo largo del tiempo. Yo empecé a estudiar en 2023. En realidad, por ser hija de padres sordos, la lengua siempre estuvo incorporada en mi vida. Pero a raíz del fallecimiento de mi papá volví a tener más contacto con la comunidad y me di cuenta de que me faltaban herramientas: necesitaba perfeccionar la lengua como tal. Tenía una especie de mezcla, una lengua más familiar, algo parecido a lo que sucede cuando uno aprende el español dentro de la familia. Con la lengua de señas pasa algo similar: la comunicación estaba, pero notaba que si tenía que salir al mundo y conversar con otras personas sordas aparecían impedimentos o faltas de comprensión. Entonces decidí estudiar para perfeccionar la lengua, comprenderla mejor y volver a tener un contacto más profundo con la comunidad.

En la asociación se generan muchos espacios de socialización. La comunidad se reúne, comparte, hay un buffet, se organizan actividades y juegos. Los profesores nos sugerían participar porque era una buena forma de practicar la lengua, conocer diferentes maneras de señar y estar más en contacto con la comunidad. Empezamos a ir con un grupo de compañeras los viernes y noté que había muchos chicos oyentes acompañando a sus familias, pero que no había propuestas específicas para ellos. Entonces empezamos a preguntar qué se podía hacer. Se armó una subcomisión —con una chica sorda como presidenta— para pensar qué intereses había y qué se podía proponer. Como yo soy docente de nivel inicial, tenía mucho material didáctico y juegos que podían servir.

P.A.:  ¿Cómo eran esas propuestas, teniendo en cuenta que muchos de esos niños eran oyentes?

Lu:  Eran actividades integradoras. Propuestas recreativas tanto para niños oyentes como para niños sordos, diferenciadas de los espacios de los adultos. La idea era que cada grupo tuviera su momento: los chicos su espacio de juego y los padres su espacio de encuentro con sus pares. También observaba que muchos chicos pasaban todo el tiempo con el celular. Entonces la propuesta era generar un espacio de interacción real entre chicos sordos y oyentes. A partir de ahí empezaron a surgir otras necesidades y propuestas. Con el tiempo empezaron a ir más niños y también se descomprimía una preocupación de las familias: muchas veces los adultos no iban a las reuniones porque no sabían con quién dejar a los chicos o porque pensaban que se iban a aburrir. Este espacio les permitía compartir más tranquilos.

A medida que avanzaban los encuentros empezaron a surgir ideas nuevas. Algunos chicos querían hacer campamentos, por ejemplo. Todavía no lo pudimos concretar, pero fue apareciendo esa necesidad. También empezamos a hablar con los jóvenes y adultos de la comunidad para preguntar qué otras necesidades existían. Muchos planteaban algo muy claro: necesitan información accesible, con intérpretes, que les permita comprender realmente lo que sucede a su alrededor. El problema es que, en la mayoría de los casos, el español escrito no está incorporado como lengua. Existen escuelas de sordos, pero todavía no se ha logrado una didáctica del español escrito que permita una apropiación real de la lengua. Entonces aparece una confusión muy frecuente: se cree que basta con escribir algo en un papel para que la persona sorda lo entienda. Pero muchas veces no es así. Esto genera malas interpretaciones de la información, o hay información que directamente no llega. Cosas que para nosotros son parte de la vida cotidiana, no llegan a la comunidad sorda.

Entonces aparece otra pregunta – dice vehementemente – ¿qué pasa cuando una persona sorda tiene que ir a hacer una denuncia a una comisaría? ¿Hay intérpretes? ¿Hay alguien que pueda tomar esa denuncia correctamente? Muchas veces no. La falta de accesibilidad, ya sea con intérpretes y/o de profesionales formados en ámbitos fundamentales de la vida —salud, seguridad, justicia— genera barreras para la comunidad sorda. 

P.A.:  ¿Esto ocurre sólo a nivel local o pasa también en otros países?

Lu:  Estas barreras las tienen en todos los países porque es una comunidad minoritaria. Existe el mito de que la lengua de señas es universal, pero no es así. Hay una forma de comunicación internacional que permite cierto entendimiento, pero cada país —e incluso cada provincia— tiene su propia lengua de señas. En Argentina tenemos la Lengua de Señas Argentina (LSA), que sería algo así como el español o castellano que hablamos nosotros. Pero así como el español tiene modismos regionales, en la lengua de señas también ocurre.

Además, la gramática y la estructura de la lengua de señas argentina son distintas de las de otros países. En algunos lugares se habla de lengua de signos porque cada seña representa una palabra. En cambio, la lengua de señas argentina tiene una estructura más rica, con giros idiomáticos, donde una misma seña puede significar muchas cosas dependiendo del contexto. Eso hace que las conversaciones puedan ser más condensadas que en español. Traducir literalmente al español muchas veces requiere más palabras.

Por eso digo que aprender la lengua de señas no es algo simple. El curso dura entre tres y cuatro años (según donde se realice), pero sinceramente creo que debería durar al menos cinco, porque además de la lengua, es fundamental comprender la cultura sordaLa comunidad sorda tiene muchos aspectos culturales diferentes a la comunidad oyente. Si uno no los conoce, es muy difícil comprender ciertas dinámicas y, en consecuencia, generar apoyos reales. 

También hay confusiones diagnósticas. Muchos chicos sordos han sido diagnosticados con TDAH o TEA, cuando en realidad el problema puede estar vinculado a la comunicación, al desarrollo del lenguaje o a la falta de acceso temprano a la lengua. Y muchas familias oyentes, solo reciben información sobre la rehabilitación auditiva, priorizando la oralización y nada sobre la LSA en etapas críticas de adquisición de una lengua y su importancia para el desarrollo. Eso termina generando un circuito donde el niño depende mucho de los oyentes y de su familia, y eso después dificulta su autonomía.

La persona sorda puede hacer todo excepto escuchar. El desafío es darles las herramientas para que puedan desarrollar una independencia real.

También hay sentimientos de resentimiento hacia la comunidad oyente, porque se sienten aislados, se sienten oprimidos, sienten que mucho de lo que no pueden hacer es por culpa de la comunidad oyente y son cosas que existen desde que existe la humanidad y el resentimiento sigue estando. Romper con eso también es un desafío. Las personas que hoy intentamos acompañar no somos las mismas de antes. Pero construir confianza lleva tiempo.

A continuación Flor nos cuenta su experiencia:


Flor: Formo parte de la asociación civil safiaS (aquí su Instagram):. servicio de apoyo a familias infancias y adolescencias Sordas. El nombre tiene una particularidad: la última S está en mayúscula porque representa a la persona Sorda. Lo pensamos así entre los profesionales que integramos el espacio —personas sordas y oyentes— porque nuestra mirada no es discapacitante ni patologizante, sino que entendemos a la persona sorda como sujeto de derechos.

La Federación Mundial de Sordos habla justamente de Ser Sordo con S mayúscula: no como alguien que porta una discapacidad, sino como un sujeto con una lengua propia y una cultura propia. Por eso esa última S de safiaS está en mayúscula.

La Asociación civil safiaS nació en el año 2020, y es un equipo interdisciplinario de profesionales Sordos y oyentes para brindar servicios a personas sordas que se amplió luego a la atención a personas  sordociegas. Soy cofundadora de la asociación civil junto a la licenciada en psicología Leticia Alkerman. Empezamos compartiendo trabajo clínico: yo era acompañante terapéutica, y ella psicóloga de un adolescente sordo. Fuimos encontrándonos en la práctica y ese recorrido terminó en la creación de la asociación civil. Hoy es uno de los equipos interdisciplinarios más grandes de Argentina en este campo. Somos más de 21 profesionales: psicólogos, psicopedagogos, psicomotricistas, acompañantes terapéuticos, estimuladoras tempranas y profesionales de inclusión. Todos somos usuarios de Lengua de Señas y algunos trabajan también con diversidad de Lengua Protáctil para personas con sordoceguera o baja visión. La sede es accesible (rampa, timbre luminoso) tanto para consultantes como para profesionales sordos. A lo largo del recorrido fuimos detectando necesidades: qué pasa con la atención clínica, con el acceso a la salud, con la accesibilidad real y la privación lingüística.

A partir de eso construimos el Área clínica, con atención presencial y virtual en todo el país y tres programas en LSA 

  • Intervenciones tempranas en Lengua de Señas Argentina (LSA) con las dos únicas estimuladoras tempranas sordas de Argentina: Viviana Papaleo y Sandra Pirone. Orientado a promover el acceso temprano a la lengua, fortalecer la comunicación familiar y prevenir la privación lingüística desde los primeros años de vida.
  • Promoción de autonomías personales en Lengua de Señas Argentina (LSA), con la participación de referentes sordos, quienes acompañan a niños y adolescentes Sordos en el desarrollo de la comunicación, la toma de decisiones y la construcción de autonomía en su vida cotidiana.
  • Orientación vocacional ocupacional  en Lengua de Señas Argentina (LSA) con referentes sordos de distintas profesiones, quienes comparten sus trayectorias formativas y laborales y ofrecen a los jóvenes sordos modelos reales para la construcción de sus proyectos vocacionales y ocupacionales.

Hace un tiempo empezamos a realizar campañas de prevención y visibilización sobre la importancia del acceso temprano a la LSA y también a organizar jornadas para generar diálogo con asociaciones de  personas sordas de todo el país sobre salud mental y accesibilidadFuimos convocados por la Universidad de Buenos Aires y la asociación civil de profesionales sordos e intérpretes de Lengua de Señas Argentina- español a participar en la primera jornada de Salud y Comunicación organizada por el Departamento de Graduados y el área de Discapacidad y Accesibilidad. Allí participamos junto al Dr Cuauhtémoc Contreras Borbón, un médico sordo, y el equipo de Yo Sordo, que brinda cursos de Lengua de Señas para profesionales y estudiantes dentro de la UBA. En esa jornada se abordaron cuestiones legales importantes: qué sucede cuando un profesional recibe a un paciente sordo en consulta, cuánto tiempo requiere una consulta con intérprete, dónde debe ubicarse el intérprete, qué leyes garantizan la privacidad.

Desde safiaS participamos para hablar específicamente de salud mental y LSA, intentando dar un paso más allá de la accesibilidad. No se trata solamente de brindar atención clínica en LSA o con servicio de intérpretes, sino de crear programas con referentes sordos, de manera que la comunidad sorda no sea tutelada sino que pueda participar con su propia voz dentro del campo de la salud mental.

P.A.: Según la perspectiva que me comparten ¿cuál podría ser el rol de la psicopedagogía en este contexto?

Lu:  Creo que tiene que ver con poder reconstruir puentes entre la comunidad sorda y la comunidad oyente. Durante mucho tiempo hubo resentimientos por experiencias de exclusión, y es necesario volver a generar vínculos donde ambas partes puedan comprenderse. Para que se genere un vínculo más sólido, es fundamental la comunicación y es allí donde la LSA aparece como base. Pero enseñar esta lengua no es simple por lo que mencioné antes, el desafío que representa aprender el español correctamente, para enseñarle al oyente la LSA. 

Para ponerlo un poco más complejo, se suman los aspectos emocionales y culturales que generan recelo hacia la comunidad oyente, así como una gran diversidad de criterios a la hora de enseñar. La lengua de señas es una fuente de trabajo importante para la población sorda, pero también requiere herramientas pedagógicas. No alcanza solamente con hablar la lengua: hace falta formación docente, reflexión pedagógica, trabajo en equipo.

Desde mi lugar intento aportar eso: pensar propuestas, actividades, formas de mejorar la enseñanza. Creo que uno de los trabajos más importantes hoy es construir un equipo sólido donde equivocarse no sea visto como un fracaso sino como una oportunidad para aprender. La idea es que quienes egresen como intérpretes realmente tengan herramientas sólidas, y para eso también la formación de los profesores debe fortalecerse.

 

Identidad, pertenencia y lenguaje: una escena para seguir pensando

Antes de despedirnos, me cuentan algo muy hermoso, y con esto vamos a cerrar esta publicación.

Lu me explica que cada persona que se integra y forma parte de la comunidad Sorda (por ser persona Sorda, CODA, Intérprete, etc.) así como personas públicas que pudieran nombrarse en una conversación, tiene su seña personal.

“Es una seña que resalta alguna característica física en la mayoría de los casos. Para el mundo oyente puede interpretarse como blullying, pero la comunidad Sorda lo asigna como marca identitaria, como tu nombre en LSA. Deletrear el nombre cada vez es largo y poco práctico, entonces se crea una seña que caracteriza a esa persona y que facilita la comunicación.”

Su papá, por ejemplo, le dio su seña personal señalando su nariz respingada. Le encantaba su nariz porque era igual a la de su abuela.

 

Le pregunto a Flor si ella también tiene una seña personal. Me muestra un pequeño parpadeo de ojos y explica que se lo dieronporque cuando interpreta parpadea mucho.

 

 

Y me cuentan que elegir esa seña no es algo improvisado: la comunidad se toma un tiempo para pensarla. Ese momento tiene algo muy especial. “Eso significa que te están mirando —me dicen—. Que te alojan. Que te abrazan.”

Con esa emoción cierro este artículo.

En la próxima publicación vamos a entrar más específicamente en el campo de la psicopedagogía y la evaluación, conversando con Georgina Bordino, especialista en sordera y miembro de la Fundación Logogenia Argentina.

María Inés


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Por | 2026-04-17T08:38:24-03:00 abril 17th, 2026|[ Novedad ]|0 Comentarios

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