Consejos para estudiantes de Psicopedagogía

Hace pocas semanas unas estudiantes de Psicopedagogía me pidieron responder a una entrevista. Fue una linda oportunidad para poner en palabras pensamientos y sentimientos que cuando hay tiempo de reflexionar, salen a la luz. Les pedí que me compartieran lo que registraron, y aquí sistematizo algunos puntos que pueden servir a quienes están estudiando Psicopedagogía, o que en el inicio de la carrera, no saben cómo afianzarse en el rol profesional.

1. La clínica no es solo jugar

La imagen que se tiene sobre ser psicopedagoga muchas veces es la de que estamos jugando con los pacientes y que a partir de ahí, ocurre alguna magia.

La verdad es que para poder jugar, pensando al juego como el camino privilegiado de la intervención, hay que saber qué se hace y para qué. Es un trabajo que se construye apoyándose también en entrevistas, observaciones y articulaciones interdisciplinarias. Y en esos espacios hay que estar bien plantadas, poder argumentar desde un análisis lógico, sensato, ordenado: cuando decimos algo, tenemos que poder fundamentarlo y proponer desde ese punto. Y esto lleva preparación, fortalecernos en los paradigmas a los que adherimos.

Por otro lado, la información que objetivamos acerca de los procesos que se dan en nuestros pacientes, no son para nada “sus juegos”. Siempre digo que “la anécdota” sola no dice nada. Relatar qué hizo, cómo fue el juego o a qué le gusta jugar a un paciente no es la clínica. Lo importante es explicar por qué pudo hacerlo y qué procesos puso en marcha el paciente.

2. La importancia de estudiar en serio

Estudiar hace la diferencia. Como dice una amiga querida, profesora también, cuando llega alguna estudiante a rendir, y nos anticipa que “tiene nervios”, ella contundente le dice, “si estudiaste deberías tener pocos nervios”. Coincido. No alcanza con leer un poco o quedarse con los resúmenes. No alcanza con haber escuchado las clases. Mucho menos con estudiar a través de audios o resúmenes compartidos por otros. Todo eso, sí, permite la verificación y una dinámica que enriquece. Pero para constituirse en buena profesional, hay que leer los libros. Y enteros. Sino, es como escuchar un tema de una banda: solo se entiende del todo en el contexto del disco completo. Hay que entender el punto de vista, la circunstancia desde la cual escribió un autor. Leerlo y apropiarse de sus ideas… y también leer a los autores que lo discutieron. ¿Muy nerd? Sí, me asumo. Pero así, considero que se construye el conocimiento: conmoviendo a nuestros propios conceptos.

En mi recorrido profesional, si me permiten el consejo, los libros que más me ayudaron son los de terapeutas que cuentan casos clínicos. Ayuda mucho entender lo conceptual, sumado a leer cómo plantean la observación y el recorrido de sus pacientes. Esa lectura profunda es la que forma criterio. Y esa es una base para el trabajo profesional que se vuelve muy organizadora por los consensos y las diferencias que podemos encontrar. No alcanza con repetir “Winnicott dijo objeto transicional”: hay que leer cómo llegó a esa idea, qué observó con sus pacientes, cómo lo vivió. Recién ahí podemos aplicar el concepto al trabajo clínico. O poder hablar de conceptos de la neuropsicología con la misma profundidad, no quedándonos solo con definiciones aisladas sino entendiendo esos constructos, cómo se investigaron, en qué contextos clínicos se describieron y de qué manera pueden aportar a la práctica psicopedagógica en cada caso concreto.

3. Conocerse como terapeuta

Cada profesional tiene un estilo y eso hay que respetarlo. Hay quienes son más enérgicos y otros que trabajan desde la calma. Yo soy de estas. Tengo mis tiempos, necesito conectar con el paciente al inicio de la sesión, ordenar el plan del día, ver sus cuadernos si los trajo. Luego empiezo a trabajar. Y cuando la sesión inicia, sé perfecto hacia dónde quiero ir, porque para cada paciente tengo un plan, tengo mis objetivos. Creo que no escucharse a uno mismo limita la capacidad de trabajo. A veces se plantea una sesión más tranquila; otras veces podemos empujar un poco más, pero siempre trabajo bajo nuestra personal forma de trabajar. Aún cuando admiremos a otras profesionales que hacen su trabajo de manera distinta. Escucharse, regularse y respetar el propio estilo enriquece la práctica.

Y otro punto muy relevante, es conocerse como terapeuta con la historia de aprendizaje que hayamos tenido, pensada con honestidad. El haber transcurrido momentos de desmotivación, recorridos de aprendizaje no tan sencillos, o hasta una historia de dificultades de aprendizaje, permite acercarnos a nuestros pacientes desde un lugar de mayor cercanía. 

4. Armar el consultorio y tener recursos propios

Y siguiendo con el punto anterior, debo decir que el consultorio no se improvisa. La variedad de juegos y recursos con que contamos hace a la posibilidad de intervenir de maneras más efectivas. Los libros, materiales de evaluación, recursos digitales, inclusive la disposición del espacio: todo suma. Se trata de tener un espacio armado, elegido, donde podamos trabajar con seguridad y creatividad. Elegir y conseguir materiales con los que una se sienta cómoda es parte de nuestra identidad como psicopedagoga clínica. En este ⇒ post hay más para leer.

5. El valor del trabajo en las escuelas y conocimiento del desarrollo

Trabajar en escuelas en tareas no piscopedagógicas a veces se considera poco valioso, pero es todo lo contrario: es una oportunidad enorme. Hay psicopedagogas que trabajan como acompañantes o auxiliares y sienten que su tarea no es estimada. Es cierto que el reconocimiento que tienen en el actual contexto, no es el que debieran tener, pero, y como una de las ventajas de esos roles estando insertas en escuelas, se puede aprender sobre cómo se desenvuelven los chicos en los términos más naturales posibles: cómo se manejan en grupo, qué se espera para cada grado, cuáles son los contenidos prioritarios, qué desafíos aparecen y cuáles son las modalidades que van tomando las distintas generaciones con respecto a montones de temas de sus realidades. Esa mirada de conjunto enriquece infinitamente la práctica clínica y da un contexto para entender e interpretar mejor las dificultades individuales.

Entonces observar a niños en distintos contextos suma a la experiencia. Saber lo esperable y lo no esperable en cada edad afina el criterio clínico. Porque cada paciente llega con sus propias dificultades, pero también con un contexto de pares al que se adapta (o no).

6. Balance entre vida personal y laboral

Por último, y tengo varios posteos que tratan esto, trabajar con compromiso exige también organizar los tiempos personales. Cuando uno trabaja, trabaja, te metés con todo. A mí me gusta atender a muchos pacientes, uno atrás de otro. Los tiempos laxos en el consultorio me desorganizan. Por eso … cuando uno descansa, descansa. Y si no descansamos bien, no trabajamos bien. Después, cuando tenemos fines de semana libres, respetarlos como tiempos de descanso y reparación personal. Ese equilibrio entre vida personal y laboral será lo que permita sostenernos en el largo plazo, acompañando a los pacientes y sus familias con verdadero sentido de presencia.

Espero les resulte útil. No estoy haciendo mención de muchas otras sugerencias que tengo, pero vamos poco a poco. Y exploren el blog que seguro, varios otros posteos les van a servir.

Un abrazo

María Inés

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Por | 2026-03-10T17:36:23-03:00 marzo 10th, 2026|[ Novedad ]|0 Comentarios

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